Activá la calma de forma natural.
Hay algo que muchas veces olvidamos: no alcanza con decirle a nuestra mente que se calme si nuestro cuerpo todavía siente que tiene que estar en alerta.
Cuando atravesamos días de mucho estrés, preocupaciones o exigencia, podemos pasar gran parte del tiempo en un estado de activación. Estamos pendientes, resolviendo, anticipando lo que viene y reaccionando a todo lo que aparece.
Y aunque esto puede ser útil en determinados momentos, nuestro cuerpo también necesita saber cuándo puede bajar la guardia.
Ahí aparece el sistema nervioso parasimpático, una parte del sistema nervioso autónomo que favorece el descanso, la digestión y la recuperación. Es el estado que asociamos con «descansar y digerir»: cuando el cuerpo puede salir del modo de alerta y volver, poco a poco, hacia un estado de mayor calma.
El problema es que muchas veces esperamos estar completamente agotadas para recién ahí intentar relajarnos.
Pero la regulación también se puede practicar durante el día.
Una respiración lenta y consciente, por ejemplo, puede ayudarnos a generar una pausa. También podemos favorecer momentos de calma a través del movimiento suave, el contacto con la naturaleza, una ducha tranquila, unos minutos de silencio o simplemente dejando de hacer varias cosas al mismo tiempo.
No se trata de estar relajadas todo el día. Eso tampoco sería realista.
Se trata de darle al sistema nervioso momentos en los que pueda reconocer que no todo el tiempo hay algo que resolver.
Y esto es algo que trabajamos mucho en el Sistema Satya, Volver a la Calma es el primer paso de este camino psicoespiritual. Volvemos a la calma a a través del yoga, la respiración y la meditación: no solamente buscamos sentirnos bien durante la práctica, sino enseñarle al cuerpo, poco a poco, diferentes formas de volver al equilibrio.
Tip Satya
Esta semana elegí un momento cotidiano y convertirlo en una señal de calma para tu cuerpo.
Puede ser mientras te duchas, cuando preparas la cena, antes de dormir o incluso una pausa en el trabajo.
Durante unos minutos, soltá los hombros, aflojá la mandíbula y llevá tu atención a la respiración. Intenta que la exhalación sea suave y un poco más larga que la inhalación, sin forzarla.
No necesitás esperar a sentirte desbordada para regularte, porque el mejor momento para entrenar la calma es cuando todavía estás bien.
Además, podés sumar formas simples y cotidianas de favorecer la activación de este nervio:
Yoga suave: movimientos lentos y conscientes, sin buscar rendimiento.
Cantar o tararear mantras: la vibración y la respiración lenta pueden favorecer un estado de relajación.
Caminar despacio: especialmente al aire libre, prestando atención al entorno.
Ducharte conscientemente: sentir el agua, bajar el ritmo y dejar el celular afuera.
Pasar tiempo en la naturaleza: mirar árboles, cielo, plantas o simplemente sentarte afuera.
Contacto afectivo: un abrazo, acariciar a alguien querido o pasar tiempo con una mascota.
Meditación: llevar la atención al cuerpo y a la respiración sin intentar «vaciar» la mente.
Exhalaciones suaves y prolongadas: sin forzar la respiración.
Escuchar música tranquila: especialmente si la acompañás con respiración pausada.
Hacer una actividad lentamente: tomar un té, cocinar o preparar la cena sin hacer varias cosas a la vez.
Crear momentos sin estímulos: unos minutos sin celular, noticias ni redes.
Rutina de descanso: bajar luces y estímulos antes de dormir para ayudar al cuerpo a entrar en otro ritmo.
Y cuanto más familiar se vuelve para tu cuerpo ese estado de pausa, más fácil puede resultar volver a él cuando lo necesitás.
Que tengas una bonita semana. Satya.
Leer es el primer paso.
Transformar tu vida comienza cuando llevas ese conocimiento a la práctica.






